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Tema 4. Primera parte

Algunas dificultades
Los manuales de ética empresarial, especialmente los de corte anglo-sajón, suelen contraponer los enfoques opuestos. Uno centrado en deberes, y otro en las consecuencias externas de la acción. A veces se añade otro basado en virtudes. Lo más relevante no es tanto la citada distinción convencional sino el modo cómo se relaciona ética y acción empresarial. En este sentido cabe distinguir tres versiones de la ética empresarial. La primera, que denominamos economicismo limitado, tiene como criterio supremo maximizar beneficios pero acepta como restricción cumplir la legalidad vigente y, en algunos casos, las exigencias sociales del entorno. La segunda versión, designada aquí como dualismo racionalista, introduce la necesidad de justificar cada decisión mediante juicios éticos que se hacen partiendo de alguna teoría ética de corte racionalista que define qué es correcto. La tercera versión es llamada realismo moderado al aceptar la capacidad humana de un conocimiento moderado de la realidad. Entiende que la ética es parte integrante de toda acción en la medida en que ésta incide en quien la realiza y contribuye o dificulta el logro de la excelencia humana, a diferencia de otras teorías.
Una de las dificultades de la ética empresarial para quien no es especialista en ética es aclararse con los diversos enfoques éticos que se presentan como válidos. Basta ojear la abundante bibliografía actual sobre ética empresarial para darse cuenta de que hay una multitud de teorías éticas que compiten por liderar la ética empresarial. Cada una presenta sus ventajas y pone de relieve los inconvenientes de las teorías competidoras. Eso suele desconcertar y a veces incluso desanimar a quienes sinceramente se acercan en busca de orientación para actuar bien en el ámbito de la empresa y los negocios. La pregunta que surge es cómo determinar cuál es la teoría correcta, si es que hay alguna que lo sea. ¿O acaso elegir uno u otro enfoque es sólo una opción personal ajena a criterios racionales?
Muchos de los manuales más conocidos de ética empresarial con frecuencia presentan dos grandes enfoques, uno deontologista (de deon, deber), centrado en los deberes a cumplir, y otro teleologista (de teleos , fin), generalmente en forma de “utilitarismo”, que se fija exclusivamente en las consecuencias de la acción. Todavía  hay un tercer enfoque incluido en muchos manuales. Se trata de la ética de las virtudes, que no se fija en ninguna norma concreta sino en el desarrollo de virtudes en el sujeto a  través de la acción y en el papel de la virtud de la prudencia o sabiduría práctica para determinar qué es lo que debe hacerse en cada situación.

Empresario y Ética
Las fuentes de moralidad, que como es bien sabido son tres: el objeto o fin de la obra, la intención o fin del agente, y las circunstancias, entre las que ocupan lugar destacado las consecuencias. La sana doctrina moral ha enseñado, siempre, que el elemento primario y decisivo para el juicio moral es el objeto del acto humano, el cual, recuerda el Papa, decide sobre su "ordenabilidad" al bien y al fin último que es Dios. De forma que, si bien una intención torcida puede pervertir un acto bueno o indiferente por su objeto, ninguna intención por buena que sea, puede convertir en bueno un objeto intrínsecamente malo. Y si es cierto también que las circunstancias pueden atenuar e incluso eliminar la imputabilidad moral de un acto malo por su objeto, ninguna circunstancia podrá nunca cambiar la especie moral de tal acto, haciéndolo pasar de malo a bueno.

De la ética de la convicción a la ética de la responsabilidad convencida
Hay estos dos tipos de ética que, de algún modo o de otro siempre se habrán distinguido a lo largo de la historia del pensamiento moral, pero que desde Max Weber se han distinguido con más incisividad. "Ética de la responsabilidad" es un título que no trae demasiadas dificultades. Responsabilidad quiere decir, entre otras cosas, que uno asume las consecuencias de las acciones por las que se decide. Aquí ya queda claro que la ética de la responsabilidad tiene mucho que ver con lo que en Alemania se llama Erfolgsethik (ética del éxito). Tiene esta ética de la responsabilidad mucho que ver con el llamado utilitarismo, porque cuando se producen o hacen cosas útiles se tiene éxito, sea de cara a uno mismo, sea para los demás. Por tanto, la ética de la responsabilidad está muy ligada al utilitarismo, para el cual el criterio o patrón de enjuiciamiento de las acciones humanas –que muchas veces son aptas, quizá no siempre, para un enjuiciamiento moral– son los resultados o consecuencias que produzcan. Para decirlo rápidamente, en la ética moderna, el iniciador del utilitarismo moderno –aunque todo ha tenido antecedentes históricos– es el filósofo inglés Jeremías Bentham, cuyo lema decía: hay que conseguir la mayor felicidad para el mayor número posible de personas.
Para designar la “ética de la convicción”, Max Weber usaba la palabra Gesinnungsethik. Esta palabra, en relación con la problemática ética, procede de Kant, que tiene un lema fundamental, el imperativo
categórico, según el cual nuestras acciones tienen que ser universalizables: actúa de tal modo que la máxima subjetiva de tu acción individual pueda ser elevada a ley universal, moral, por todas las personas, los sujetos
racionales. Kant es el máximo enemigo de la ética utilitarista. Para él hay acciones que son intrínsecamente malas, lo que quiere decir que no se pueden llevar a cabo bajo ninguna circunstancia, independientemente de
las consecuencias, independientemente del número de personas a las que con esas acciones hagamos felices, cuya vida salvemos. Entonces, en Kant –que habla mucho de Gesinnung– todo se cifra en la conciencia: nosotros no podemos hacer en conciencia cosas que sean intrínsecamente malas. Por lo tanto, al actuar moralmente y al hacer juicios morales, tenemos que prescindir del resultado o de las consecuencias. Tal vez una palabra más adecuada para la ética de la convicción sería la "ética de la conciencia" (Gewisen). Gewissheit, en alemán, se traduce como convicción, certitud subjetiva, certeza, estar seguro de algo.

Principales dificultades de una etica empresarial.
Para hacer negocio es preciso olvidarse de la ética común y corriente, porque sus negocios tienen sus propias reglas de juego y estas reglas están regidas por una ética propia. Esta premisa se fundamenta en que la empresa consiste en maximizar beneficios, en términos de dinero poder y prestigio.
La ética de una empresa puede considerarse como mantenerse al margen de todos los aspectos legales y leyes de mercado ya que para los aspectos sociales hay otras instituciones que se encargaran de hacer cumplir sus leyes. ¿Cosmética o necesidad? Formular una pregunta como la anterior no solo es cuestión de de desconfianza, sino un recelo bien fundado en la historia de la humanidad

Razones para el nacimiento de la ética empresarial.
Fundamentalmente la urgencia de recuperar la confianza en la empresa. La falta de credibilidad no resulta ser una carta de triunfo en el mundo del negocio y la confianza fue convirtiéndose de nuevo explícitamente en el valor empresarial. Pero la confianza es una actitud que necesita tiempo para mostrarse y es precisamente cuestión de tiempo para poder ver que tan confiable ha sido dicha actitud.
Una empresa que se plantea únicamente el máximo beneficio en un corto plazo es de hecho suicida, y mal va a poder sobrevivir en estos tiempos de dura competencia en que la responsabilidad a largo plazo es una garantía de supervivencia.
Tras los escándalos de corrupción en Norteamérica (Watergate, Lockheed, Gulf Oil, etc) y algunos parecidos en otros países como España, la sociedad recuerda que la confianza es un recurso demasiado escaso, cuando esta constituye la unión de los miembros de la misma, por lo que las empresas emblemáticas refuerzan la vigilancia sobre su propia conducta; tampoco podemos pensar que la ética se reduce a fenómenos de corrupción ni deja de ser importante cuando éstos disminuyen o desaparecen, más allá de las modas, la ética se impone como una necesidad.
Creer que la concepción de la ética empresarial se circunscribe básicamente al estricto cumplimiento de las normas legales y la adhesión a las regulaciones internacionales, es un pensamiento erróneo; debido a esto muchas compañías se ceñían a manuales que detallaban lo que los empleados podían o no hacer en ámbitos específicos, pero estos ámbitos en la ética empresarial se han expandido, porque ya no sólo abarcan la acción de una compañía respecto de cómo obedecer a la ley o tratar a sus empleados, sino además determinan la naturaleza y calidad de la relación que establece con sus inversionistas, clientes aislados, comerciales, proveedores, la comunidad, el medio ambiente e incluso las generaciones futuras.



Tema 4: Segunda parte



Urgencia de recuperar la confianza en la empresa
Por regla general la corrupción, como manifestación desviada del ejercicio del poder, se vincula casi exclusivamente a la órbita de la función pública y por ende se centra en la misma, dejando de lado el hecho de que la corrupción no es una mera contradicción con la legalidad vigente, susceptible de ser fiscalizada por unas instancias de control administrativas o judiciales que se resistan al soborno, pues se trata, ante todo, de una fenomenología; de una auténtica contracultura que se filtra en el tejido social, empapando el juego de relaciones entre los individuos que la integran  (servidores públicos y administrados), vinculada fundamentalmente a una preocupante  falta de compromiso ciudadano. Es evidente por tanto, que para que se materialice la figura del corrupto tiene que existir ineludiblemente la voluntad, decisión y acción del corruptor, aquel sin cuya participación la corrupción nunca pasaría del plano de la intención.
Las empresas están urgidas a tomar conciencia de que la corrupción y sus modalidades son la causade crisis de muy alto riesgo para su reputación , muy superior a las generadas por motivos exógenos como accidentes o fenómenos naturales, o por motivos endógenos  (conflictos laborales, problemas financieeros, productos defectuosos, etc.),  quizá solo superas por productos adulterados. Y una empresa sin reputación es una empresa herida de muerte.

La responsabilidad social de las empresas
Desde las dos últimas décadas del pasado siglo, el comportamiento de las empresas está evolucionando hacia una competitividad empresarial que se basa no sólo en la obtención de beneficios económicos, sino también en actuaciones que favorezcan su entorno social y medioambiental, mediante la adopción de políticas de mejora de las condiciones laborales, respeto a los derechos humanos, desarrollo de programas de recuperación de los entornos naturales, etcétera. En la actualidad, el término «responsabilidad social corporativa» es utilizado de forma generalizada para designar el compromiso de las empresas respecto a estas cuestiones demandadas por la sociedad.
La empresa al estar formada por personas y ofrecer productos o servicios para las personas, no puede permanecer ajena a la sociedad en la que se encuentra inmersa, dado que surge una relación de interdependencia inevitable. Por tal motivo, es imposible alejar a la organización de un comportamiento ético de acuerdo con las normas morales y valores que rigen la sociedad, ya que ésta proporciona: la fuerza laboral y el mercado de consumidores; la educación y formación de sus empleados; los medios de comunicación y la infraestructura económica.
La RSE debe concebirse desde dos dimensiones: la interna y externa. Internamente las prácticas están vinculadas con los trabajadores y se refiere a los aspectos relacionados con la inversión en recursos humanos, la salud y la seguridad, la gestión del cambio y la gestión de los recursos naturales empleados en la producción. En este sentido, es preciso señalar que si la empresa mantiene compromiso y preocupación por sus empleados proporcionándoles dignidad y respeto, éstos podrán estar más satisfechos y motivados al desempeñar sus funciones, darán su mayor esfuerzo y aumentarán su sentido de pertenencia. Este estado de ánimo y disposición de los trabajadores, se puede considerar ético, ya que valoran el comportamiento de la organización como responsable
La dimensión externa sugiere: la integración de la empresa a la comunidad local; la colaboración y la cooperación con socios comerciales, proveedores y clientes; respeto por los derechos humanos en las transacciones, y, la contribución para solucionar los problemas ecológicos del entorno. Por su parte, autores destacan que la sociedad en general, espera que las organizaciones demuestren realmente una actitud responsable para con la comunidad y todos aquellos grupos que se relacionan directa o indirectamente con éstas. Se debe evitar el engaño y la falta de información, por lo tanto, la comunidad confiará en la empresa, en la medida en que ésta le manifieste un proceder caracterizado por la rectitud y  honestidad.

Necesidad de una ética de las organizaciones
La ética en los negocios parece ser un buen negocio, al menos esa una de las más significativas evidencias puestas de manifiesto en diversos estudios, entre los cuales destacan los dos libros publicados por J.C.Collins: “Empresas que perduran” y “Empresas que sobresalen”.
Adela Cortina es una autorizada y prolífica profesora de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia (España) que afirma: “Los empresarios norteamericanos... comprueban con asombro en la segunda mitad del siglo XX algo tan sabido por la economía misma como que la confianza vende, la credibilidad vende, la calidad es la mejor propaganda; y que , por el contrario, la chapuza disuade, el engaño enseña al cliente que “una y no más”, la falta de calidad hunde a la empresa” (Cortina 1998)
Una de las mejores formas de poner en evidencia el grado de inteligencia de una sociedad - o su grado de estupidez – es por las conversaciones. Nietzsche llamó “el lenguaje del bien y del mal” de un pueblo a esta cultura heredada que es la palabra usual, el habla cotidiana. Una conversación puede enriquecer, enseñar, mejorar las relaciones, elevar la cultura de los que hablan, consolidar su amistad. Otra conversación, en cambio, puede herir, deprimir, disociar, empobrecer. Las conversaciones predominantes en una comunidad dan el grado de inteligencia de esa sociedad. El chismorreo, la murmuración, las habladurías, empequeñecen a todos y hacen que una sociedad se idiotice y se comporte de manera estúpida. Lo mismo pasa con una familia o una organización. En las comunidades donde triunfa la inteligencia, las conversaciones estimulan, premian, animan y hacen que el grupo logre cosas extraordinarias. En las comunidades estúpidas las conversaciones ridiculizan al exitoso, se burlan del triunfador, escamotean los logros y provocan que los fracasos se acumulen y se le tenga miedo a la creatividad, a la innovación y al emprendimiento.
Las sociedades inteligentes exitosas no son sociedades perfectas, ni sus integrantes son superiores (cuando se creen superiores comienzan a fracasar). Solo son sociedades que han aprendido a tejer relaciones de solidaridad, hacer bien las cosas, ser honestos, resolver adecuadamente los conflictos y tenerse confianza. Son gente común y corriente que conversan en positivo, se organizan y tejen relaciones. Las sociedades estúpidas a lo mejor se creen perfectas, o mejores, sin embargo son un fracaso. Su gente es normal, pero tienen conversaciones negativas, son desorganizados y no se relacionan. Son deshonestos. Mientras no cambien están condenadas al fracaso. Y condenan al fracaso a sus organizaciones y a las empresas.

Un medio para recuperar la comunidad frente al individualismo
La empresa puede ser un medio para recuperar la comunidad, pues debido a la modernidad el mundo se ha vuelto más individualista, lo que hace parecer que el hombre pierde sus raíces en cuanto su naturaleza de vivir en comunidad relacionándose con la familia, la iglesia, la escuela, la universidad, la empresa. Los valores morales que defendemos los hemos aprendido en las comunidades. Todo esto va componiendo una cultura corporativa o  empresarial, en la que el YO concreto se siente integrado. Empezando por la comunidad familiar y continuando con las empresas de las que somos miembros: Colegio, universidad, empresa, club, etc. Lo que hace que los individuos encuentren de nuevo su razón de ser y trabajar en comunidad buscando la consecución del bien.

Fin del Tema 4

La ética de los negocios es un modo de resolver moralmente los conflictos de acción. Al aplicar un paradigma ético apropiado a las situaciones que plantean los procesos económicos y administrativos, se logra tomar decisiones ajustadas a la ética. La ética empresarial debe ofrecer un modo de resolver moralmente conflictos de acción.  “aunque pueda resultar extraño, el propósito de la ética no es que la gente sea más ética, sino que sea capaz de tomar mejores decisiones”
Al comienzo del siglo XXI, la ética empresarial exige una metodología interdisciplinar en el estudio de las situaciones concretas que reclaman una conducta ética. Esta interdisciplinariedad articula áreas particulares para estudiar problemas complejos. Se admite como válido no sólo el conocimiento científico positivista, sino también el de las
disciplinas humanistas, como la antropología, la filosofía y la teología. Las ciencias, por distintas que ellas sean, pueden establecer nexos de articulación mutua y producir una relación de conocimiento multilateral. Hay que tener en cuenta la naturaleza compleja del conocimiento, que hace imposible llegar a la verdad por el camino de una sola disciplina.

Ética de la dirección y la gestión.
La gestión ética la constituyen un conjunto de esfuerzos, en el interior de la organización que consisten en la elaboración de políticas, planificación e implementación de políticas, con el objeto de lograr alcanzar unos resultados de los que se deriva el mejor cumplimiento de los deberes éticos de las empresas, así como la mejora ética de las personas que interactúan en la misma.
Por otra parte, la gestión ética, está constituida por instrumentos o herramientas para asegurar una actuación social ética, la cual facilita gestionar y evaluar las políticas de responsabilidad social ética en las organizaciones, tanto en el orden interno como al externo, poniendo énfasis en la obtención de certificaciones de calidad ética debido al cumplimiento de unas normas o procedimientos establecidas con anterioridad por algún organismo externo

Características de la ética empresarial.
o Es una ética de responsabilidad por las consecuencias de las decisiones que se toman.
o Los miembros de la empresa son interlocutores validos.
o Los consumidores son interlocutores validos.
o Los miembros de la empresa han de cumplir con sus 
obligaciones y corresponsabilizarse por los resultados, basados en la cooperación.
o La empresa ha de atenerse a un marco de 
justicia no solo legal, sino ante todo moral.
o Fomento de una 
cultura empresarial que configura formas de vida peculiares, cada vez más ¨obligadas¨ para quienes tengan afán de supervivencia.

Valores propios de una empresa postaylorista.
La empresa tayloriana era piramidal y autoritaria que intenta sustituir el principio de la obediencia por el de responsabilidad, dinamizar los recursos creativos de todos los colaboradores, desarrollar la calidad de vida en el trabajo. La cave del éxito son los programas de formación y desarrollar una capacidad creativa, y gracias a esto se puede lograr:
·                     Responsabilidad por el futuro.
·                      Desarrollo de la capacidad comunicativa
·                     Identificación de los individuos y de las firmas
·                     Desarrollo de una cultura empresarial
·                     Personalización de la empresa y generación de un -capital-sim-patia-.
·                     En una cultura de la comunicación la moral impulsa la creatividad del especialista de la comunicación y personalización de la empresa.
·                     Confianza.

Qué es la ética empresarial?.


Tema 5 (I)

Hacia un nuevo concepto de empresa
Se está produciendo un cambio socioeconómico importante, que podría resumirse en la finalización de la cultura heredada de la revolución industrial, cuyo concepto dominante de empresa era la maximización del beneficio (que, por cierto, ha hecho daño y es responsable de la “imaginación” para incrementar beneficios - de ahí los llamados chiringuitos, la “cultura del pelotazo”…- o la minimización de costes - de ahí, también, los riesgos en la inseguridad alimentaria-). Este modelo de empresa, que maximiza el beneficio como objetivo absoluto, sin más, está pasando a una nueva concepción por la que se piensa que la empresa es una forma más de ciudadanía y, por tanto, ha de convivir responsablemente con el entorno20, al que influye y sobre el que tiene algún tipo de responsabilidad. Es la “ciudadanía organizativa” como concepto paralelo, y quizá más profundo, al de la R.S.E. La explicitación de este cambio del modelo empresarial lo indica la propia Comisión Europea en su Libro Verde sobre R.S.E., indicando los motivos que han impulsado este avance de la R.S.E. Se citan cuatro razones que han motivado este tema:
a) Las nuevas inquietudes y expectativas de los ciudadanos, consumidores, poderes públicos e
inversores en el contexto de la mundialización y el cambio industrial a gran escala,
b) Los criterios sociales influyen cada vez más en las decisiones de la inversión de las personas
o las instituciones, tanto en calidad de consumidores como de inversores,
c) La preocupación cada vez mayor sobre el deterioro medioambiental provocado por la actividad
económica,
d) La trasparencia de las actividades empresariales propiciada por los medios de comunicación
y las modernas tecnologías de información y comunicación.
Es decir, el Libro Verde fomenta la responsabilidad social porque hasta ahora, en general, o ha
sido muy débil o no la ha habido, salvo excepciones. La globalización fractura la sociedad e incrementa la distancia entre la riqueza y la pobreza. La actividad económica deteriora el medio ambiente, aspecto que empieza a ser denunciable por los consumidores e inversores, y los medios de comunicación convierten en transparente los vacíos, abusos, y fallos, que antes eran ignorados, del mundo empresarial. Por tanto la RSE no debiera ser interpretada como un valor añadido, sino como la constatación de un déficit. Es importante insistir en este aspecto, sobre todo cuando se entra en el debate de voluntariedad / obligatoriedad de la RSE, porque podrían darse por supuestos, o por cumplidos, determinados mínimos legales que, quizá, que estén muy lejos de tenerse en cuenta.
Por otra parte, y esto es muy importante, el contexto global en el cual desarrolla su actividad la
empresa deja al descubierto la existencia de vacíos legales, o legislaciones laxas, que es preciso cubrir a través de políticas públicas y/o de la propia RSE por parte de la empresa, que debería tomar sus decisiones de acuerdo con criterios éticos de funcionamiento que han de ser coherentes con todos los entornos en los que opera.

Institucionalización de la Ética en la empresa
Uno de los desafíos más relevantes en relación al discurso ético es pasar de las intenciones o buenos deseos a la acción, es decir a acciones concretas que modifiquen y transformen éticamente a las organizaciones. La tarea de incorporar la ética a la vida de la empresa no es simple y admite algunas dificultades que, si bien no son insalvables, requieren de una detenida consideración con el propósito de obtener los mejores resultados. Es necesario contestar al menos dos preguntas: ¿Ética para qué? Y ¿Cómo se integra a la cultura de una empresa?
El proceso de institucionalización no es igual en todas las empresas, aún y cuando siempre se inicia con un apartado que podemos denominar “necesidad percibida”, es el cuestionamiento que surge en la organización tratando de contestar la pregunta ¿Nos serviría para algo la ética en la empresa? Pero antes de dar respuesta a esta pregunta es relevante conocer las distintas formas de aproximación a la ética por parte de las organizaciones.
Un primer grupo de empresas es el que defiende la necesidad de la ética en la empresa y desarrolla medios eficaces para su incorporación o institucionalización. Estas empresas están empeñadas en crear una cultura ética incorporada al ethos de la misma empresa, alternativa que podemos denominar ética comprometida. Es el caso de las empresas que tienen la intención de actuar éticamente y así lo demuestran con acciones y estrategias.
Existen también empresas que defienden la necesidad de la ética empresarial y que no cuentan con el conocimiento necesario para desarrollar su incorporación o institucionalización. Estas empresas tienen en buen deseo de comportarse con base a principios éticos; sin embargo, sus esfuerzos no logran una aplicación o “aterrizaje” consistente y eficaz. Podemos sintetizar esta modalidad de empresas en una sola expresión: ética como buena intención. La ética está en su discurso, pero no se manifiesta de manera generalizada en sus acciones, compromisos y vida cotidiana.
Una tercera categoría de organizaciones se pueden identificar como aquellas que se oponen a la incorporación de la ética, pero no lo promulgan abiertamente. Manifiestan que creen en principios éticos, pero realizan acciones en donde la realidad nos dice que ignoran o peor aún contravienen los principios éticos. Es el caso de empresas con un doble discurso, que incluso llegan a desarrollar acciones filantrópicas pero incumplen con sus criterios éticos, como asegurar la calidad de sus productos, pagar salarios justos y proteger el medio ambiente por citar algunos. Esta opción demuestra que la relación entre ética y empresa se manifiesta como simple apariencia, y por este motivo se le denomina: ética como cosmética. En este sentido, afirma Lipovetsky: “la ética no constituye una práctica desinteresada, sino una inversión estratégica y comunicacional al servicio de la marca y del crecimiento de la empresa.”
Finalmente, y como una variación de la anterior categoría, se encuentran las empresas ilegítimas, que serían aquellas que se oponen a la incorporación de la ética, y lo demuestran con sus actividades cotidianas. Para estas empresas la ética está fuera de lugar. El negocio consiste en obtener logros o resultados con base a corrupción, manipulación, sobornos o engaño, entre otras medidas similares, y dejar de hacerlo supone, para ellos, desaparecer como empresa: el negocio es la transa. Estas empresas podríamos señalar que considerar que la ética nos estorba.
Esta tipología permite comprender que las empresas enfrentan que las organizaciones pueden clasificarse en distintas posturas frente a los criterios éticos, sin embargo sólo las empresas que buscan privilegiar la ética como convicción y compromiso, son las que pueden aspirar a institucionalizarla y obtener con ello los mejores resultados.
La ética como un verdadero compromiso es aquella que permite realizar una sana autocrítica para preguntarse entre otras cosas:
* Los valores éticos (honestidad, responsabilidad, veracidad, etc.) los practican y transmiten los funcionarios o directivos a través de su ejemplo?
* ¿Existe congruencia entre lo que declaran los directivos y la forma en que desempeñan su trabajo diario?
* ¿El compromiso ético de los directivos es igual de importante que el resto de sus responsabilidades?
* ¿Los dilemas que se nos presentan en la actividad de la empresa: se analizan, discuten y se aplican criterios éticos para resolverlos?
Las anteriores preguntas nos sirven de guía para reflexionar y considerar si deseamos que los valores éticos realmente se conviertan en una cultura que promovemos en la empresa. La pregunta fundamental a contestar antes de pensar en institucionalizar los valores éticos en la empresa sería ¿Estamos convencidos que los criterios éticos como el respeto, la veracidad, la honestidad o la responsabilidad deben ser un valor agregado para la organización? Si la respuesta es afirmativa, la segunda parte será el trabajar en buscar los medios para conseguirlo.

Rasgos básicos de la asesoría ética
La finalidad de esta asesoría es la institucionalización de la ética en la empresa. Este enfoque se apoya en el hecho de que la empresa tiene ya una dimensión moral, derivado de su necesidad de legitimación ante la sociedad, como institución social que es. El objetivo de la asesoría ética sería el de ayudar a la resolución de conflictos, y ello de un modo consensuado. 


Tema 5 (II)

Asesoría ética
Como en toda asesoría se trata de la actividad realizada por un experto con el fin de aconsejar a la empresa a partir de sus conocimientos específicos y a instancia de aquella, para orientar la toma de decisiones correctas y legítimas en los diversos ámbitos de su actividad empresarial. El objetivo y rasgo fundamental de la asesoría ética es la mejora de las buenas prácticas empresariales. Una buena práctica se refiere al cumplimiento de las expectativas legítimas depositadas en la empresa, que tienen que ver siempre con el respeto a la dignidad de las partes implicadas, o intereses generalizables. La empresa fiable es aquella que cumple con las expectativas legítimas depositadas en su actividad y de las que depende su legitimidad social.

Niveles de la Asesoría ética
1. El estudio de la estructura general del ámbito moral en contextos diversos.
2. El estudio de las teorías éticas que dan razón de los principios de actuación y sus contextos.
3. El análisis de la competencia proporcionada por la ética aplicada, consistente en la realización práctica de cada caso concreto de las ideas morales, de acuerdo con el sentido o bien interno que la justifica.
4. Conocimiento del trasfondo hermenéutico (de análisis de los niveles de argumentación y deliberación), del contexto para el que la aplicación es un momento de la misma compresión de la realidad social.

La Empresa como institución social
La empresa, además de ser una célula económica, es una célula social. Está formada por personas y para personas. Está insertada en la sociedad a la que sirve y no puede permanecer ajena a ella. La sociedad le proporciona la paz y el orden garantizados por la ley y el poder público; la fuerza de trabajo y el mercado de consumidores; la educación de sus obreros, técnicos y directivos; los medios de comunicación y la llamada infraestructura económica. La empresa recibe mucho de la sociedad y existe entre ambas una interdependencia inevitable. Por eso no puede decirse que las finalidades económicas de la empresa estén por encima de sus finalidades sociales. Ambas están también indisolublemente ligadas entre sí y se debe tratar de alcanzar unas, sin detrimento o aplazamiento de las otras. Así pues, una adecuada concepción de los que es una empresa exige ampliar el concepto de la misma para incluir en él los aspectos que se encuentran más allá del legítimo fin económico.
En tanto que institución económica la empresa es una institución social y una institución social que está construyendo la sociedad y el mundo en que vivimos. Es desde esta concepción desde la que se pueden exigir ciertos comportamientos y responsabilidades a las empresas.
El primer ámbito de actuación de la empresa es el mercado, que es el modo en que la sociedad decide responder a las preguntas de qué bienes producir, cómo producir dichos bienes y para quién producirlos. El mercado es la herramienta que la sociedad utiliza para redistribuir recursos. Cómo institución social, al igual que todas las demás instituciones sociales, la empresa debe proteger la integridad y dignidad de los ciudadanos.
La pregunta por el papel de la empresa o del mercado en el sistema social es, de hecho, una pregunta “política”. Parte de la base que la empresa no es una institución “neutra”, independiente de la estructura social. Por el contrario, está inserta en la sociedad e implicada en su construcción, a la vez que esa misma sociedad incide sobre la empresa. Hay una verdadera interacción entre empresa y sociedad. Ello implica asumir que la empresa no solamente tiene poder económico. La empresa ayuda a configurar el modelo de sociedad. Por ello es pertinente la pregunta por el modelo de empresa que queremos potenciar, pregunta que está en íntima relación con la pregunta por cuál es el modelo de sociedad más acorde con un vivir más justo y equitativo.


Tema 5 (y III)



Tipos de Asesoría Ética
Asesoría indirecta, cuando se realiza en la empresa pero con carácter general, sin tener en cuenta los problemas concretos y sus condicionamientos. Asesoría directa se ocupa de ayudar al empresario en la toma de decisiones en circunstancias dadas y particulares.

Código ético
El Código ético debe  definir la personalidad de la empresa, el proyecto que constituye su carta de presentación ante el mercado, la sociedad y sus propios miembros. Presentar, en definitiva, un marco de referencia común.
Aspectos de un Management ética de la empresa
El management de la ética tiene en dos ideas. La ética se refiera a principios y valores que guían a un individuo u organización. La administración se refiera a la gestión, particularmente de las finanzas y bienes. Esto quiere decir que el administrador está a cargo de empleados y d el lugar de trabajo o las finanzas pertenecientes a los accionistas. Entonces, la idea de ser un administrador ético quiere decir tomar las riendas de una organización, o finanzas, siguiendo una seria de principios y valores. El management de la ética tiene un número de aplicaciones prácticas en el lugar de trabajo. Primero, los patrones preocupados por la administración ética deben pagar sueldos justos a sus trabajadores. También tienen que exigir horas de trabajo y tareas justas a sus empleados. Además, los empleados deben tener el derecho de acercarse a sus patrones con requerimientos y asuntos; sintiendo que están siendo escuchados. Como parte de su responsabilidad con los accionistas, los administradores éticos de una corporación deben ser honestos, justos y procurar tomar decisiones que beneficien a todos los accionistas. A menudo, no hay respuestas fáciles para todos los problemas del lugar de trabajo. El mejor acercamiento para ser un administrador ético es ser abierto, honesto y colaborar con empleados y accionistas.

LECTURA FINAL DE LA MATERIA

Opinión - 13 julio, 2014 | 12:00 AM
Por: Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo,
Arzobispo de Mérida

La realidad y el pragmatismo llevan al ser humano a justificar su modo de pensar y actuar, más allá de cualquier prescripción. Por eso, es necesaria la existencia de leyes extrínsecas, pensadas y aprobadas para el bien común y no el particular; y la obligatoria existencia de poderes públicos autónomos para que la impunidad y el abuso del poder no se conviertan en la norma de quien tiene la sartén por el mango. La existencia de una ética civil no es solo un buen deseo, sino una exigencia de la justicia. Es el mínimo moral común aceptado por el conjunto de una determnada sociedad dentro del legítimo pluralismo moral. Queda claro que no es la imposición de una mayoría sobre el resto y mucho menos que se exija que todos entren por un único carril: el pluralismo moral no quiere decir que cada uno haga lo que quiera, sino que se llega a consensos mediante un pacto social, una racionalidad que no puede apoyarse en cosmovisiones totalitarias.
La reciente polémica pública en la que se acude al principio de que la lealtad obliga a dejar la crítica de lado o hacerlo en privado para no ser tildado de traidor, es un llamado al encubrimiento y a tapar los males, que por ser públicos o tocar los intereses de la sociedad, no pueden ni deben ser tapados por la complicidad o el silencio.
Lealtad proviene del latín “legal”. Es el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad, las del honor y hombría de bien. Sus sinónimos son verdad, realidad, rectitud, firmeza. Lo que tiene que ver con el colectivo, con la sociedad, no se puede tratar a puertas cerradas. El destinatario tiene derecho pleno de saber qué y cómo actúan los que dicen trabajar para el pueblo. Encubrir es mentir, favorecer la impunidad y alentar la corrupción que como un cáncer se multiplica en todos los entresijos del poder.

Los que ejercen el poder se ufanan de tener el monopolio de una moral superior en torno a la vida social y política. Los hechos indican que las cosas van por otros derroteros. Quienes deben dar ejemplo se esconden bajo las alas del poder para delinquir. Con el Eclesiastés afirmamos: “otra cosa observé bajo el sol: en el lugar de la ley, está el delito; en el tribunal de la justicia, la maldad.  El que codicia el oro no quedará sin castigo, el que ama el dinero se extraviará por él” (3,16; 31,5).