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Misión y Visión de la UCAT

MISIÓN
La Universidad Católica del Táchira es una comunidad de intereses espirituales que reúne a sus miembros: estudiantes, profesores, personal administrativo, obrero, autoridades y egresados, en la tarea permanente de buscar y hallar la verdad, empeñada en afianzar el valor trascendente de la persona, con un decidido espíritu de diálogo, pluralismo, democracia, justicia social y solidaridad humana.
Inspirada por la fe cristiana que busca la justicia, asume el reto de la formación integral de sus miembros como un aporte específico a la sociedad venezolana.
Enraizada en el corazón de esta región andina, contribuye al desarrollo sustentable regional y nacional, trabaja por la integración de los pueblos, especialmente de América Latina, y colabora en el fortalecimiento de la cultura de la paz., y de afianzar el valor trascendente de la persona.
VISIÓN
La Universidad Católica del Táchira es reconocida como una universidad de calidad que se distingue por la formación integral de todos sus miembros en coherencia con su identidad católica inspirada en la tradición espiritual de la Compañía de Jesús.
Es un centro de reflexión que colabora activamente en la comprensión y solución de problemas regionales y nacionales, contribuyendo al desarrollo del país, especialmente entre y con los más pobres.
Es una universidad a la altura de los tiempos que desarrolla sus actividades con una filosofía de gestión integrada ágil y eficiente.

Desarrolla parte de sus actividades en el nuevo parque universitario, brindando servicios de calidad a toda la comunidad universitaria y su entorno.

"Decálogo de Francisco"

Publicado el Domingo 26 octubre, 2014 en Diario de La Nación
Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

En una reciente entrevista para la revista argentina “Viva”, le preguntaron al Papa, ¿cuál es la fórmula de la felicidad? El testimonio del Papa Bergoglio es, seguramente, o que todos andamos buscando ansiosamente.
1. Viví y dejá vivir: es el primer paso de la paz y la felicidad. Como dicen los romanos ‘Anda adelante y deja que la gente vaya adelante’. En una sociedad donde quiere imperar el fanatismo y la emocionalidad bien vale la pena dejar vivir a los demás, sin imposiciones y amenazas.
2. Darse a los demás: “Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe”.
3. Moverse remansadamente: “En Don Segundo Sombra hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. El protagonista. Dice que de joven era un arroyo pedregoso que se llevaba por delante todo; que de adulto era un río que andaba adelante y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado. Hay que cultivar la capacidad de moverse con benevolencia y humildad, el remanso de la vida.
4. Jugar con los chicos: “El consumismo nos llevó a esa ansiedad de perder la sana cultura del ocio, leer, disfrutar del arte. Ahora confieso poco, pero en Buenos Aires confesaba mucho y cuando venía una mamá joven le preguntaba: ‘¿Cuántos hijos tenés? ¿Jugás con tus hijos?’ Y era una pregunta que no se esperaba, pero yo le decía que jugar con los chicos es clave, es una cultura sana”.
5. Compartir los domingos con la familia: “El otro día, en Campobasso, fui a una reunión entre el mundo de la universidad y el mundo obrero, todos reclamaban el domingo no laborable. El domingo es para la familia”.
6. Ayudar a los jóvenes a conseguir empleo: “Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo. La dignidad te la da el trabajo,  llevar el pan a casa”.
7. Cuidar la naturaleza: “Hay que cuidar la creación y no lo estamos haciendo. Es uno de los desafíos más grandes que tenemos”.
8. Olvidarse rápido de lo negativo: “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro. Olvidarse rápido de lo negativo es sano”.
9. Respetar al que piensa distinto: “Podemos inquietar al otro desde el testimonio, para que ambos progresen en esa comunicación, pero lo peor que puede haber es el proselitismo religioso, que paraliza: ‘Yo dialogo contigo para convencerte’, no. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”.
10. Buscar activamente la paz: “Estamos viviendo en una época de mucha guerra. En África parecen guerras tribales, pero son algo más. La guerra destruye. Y el clamor por la paz hay que gritarlo. La paz a veces da la idea de quietud, pero nunca es quietud, siempre es una paz activa”.


http://www.lanacion.com.ve/columnas/opinion/decalogo-de-francisco/

INTRODUCCIÓN

La ética puede tener diferentes significados para cada individuo, pero por lo general, simplificando, se trata de un sentido básico del bien y del mal. Dentro de la actividad empresarial, se trata de tomar decisiones que tienen que ver con lo correcto y lo incorrecto, y con la ley. Ejemplos:
Discriminación
Estás de jefe en un entorno mayoritariamente masculino. La llegada de una empleada nueva suscita conflictos porque tu empresa no ha preparado un entrenamiento en sensibilidad de género. Algunos de los empleados de sexo masculino hacen comentarios inapropiados a la nueva empleada. Ella se queja; en respuesta como jefe, amonestas a los responsables de la conducta. Pero también te preguntas si sería conveniente mover tu nueva empleada a otra posición en la que llame menos la atención. Ese trato hacia la empleada, de forma diferente por su género o en reacción a una queja de acoso podría ser considerado una conducta discriminatoria y poco ética.
Negocios indirectos
Trabajas como gerente de negocios con un contrato de trabajo. El contrato requiere que trabajes exclusivamente para tu empresa y que utilices tus talentos para atraer nuevos clientes a tu empresa. Si comienzas a atraer más clientes de los que crees que tu empleador razonablemente puede manejar, puedes preguntarte si no sería un problema ético que desviaras el exceso de negocio en otra parte y tomes la comisión. Si como mínimo, no revelas la idea a tu empleador, probablemente estarás incumpliendo tus obligaciones contractuales y éticas.
Socios
Eres directivo en una empresa y ves una gran ganancia en el horizonte. No crees que tu socio merezca beneficiarse del éxito futuro de la empresa, porque no apruebas su nivel de compromiso y trabajo. Comienzas a pensar si simplemente puedes quitar su nombre de las cuentas bancarias, cambiar las cerraduras y continuar sin él. Si lo haces, probablemente estarías violando tu obligación ética y legal de actuar de buena fe con respecto a al socio. Lo mejor sería comprar su parte del negocio.
Negligencia
Eres miembro de la directiva  de una gran sociedad anónima. Tú y tus compañeros de la junta, con la esperanza de retirarse antes de tiempo por vacaciones decembrinas colectivas, se apresuran a terminar el proceso de investigación relacionado con  un gran negocio. Como miembro de la directiva, tienes el deber de trabajar con  el máximo cuidado respecto a las decisiones que afectan a la sociedad y sus accionistas. No investigar adecuadamente un asunto que afecte esos intereses podría ser visto como una negligencia grave que supone el incumplimiento de tu deber ético y jurídico.
La ética empresarial
Es el campo de estudio que se ocupa del comportamiento (bueno y malo) en el mundo empresarial. La ética adquiere diferentes significados según la sociedad en que estemos, por lo que es difícil definir la ética empresarial, especialmente en los mercados internacionales. Sin embargo, hay una serie de acciones que son casi universalmente aceptadas como poco éticas y para las que muchos países desarrollados mantienen leyes penales que las previenen. Revisar algunos ejemplos de violaciones éticas en el mundo de los negocios puede ayudar a entender el tipo de cosas que son inaceptables en muchas las culturas.
Ética de recursos humanos
Las interacciones entre los gerentes, dueños de negocios y empleados crean numerosas oportunidades para las infracciones de la ética. La discriminación basada en el origen étnico, el género, la edad u otros factores es un problema. Los gerentes que discriminan a los grupos minoritarios en las prácticas de contratación, las decisiones de compensación y las condiciones de empleo podrían llegar a enfrentar consecuencias legales y sociales. La deshonestidad y la manipulación son también ejemplos de comportamiento poco ético en el lugar de trabajo, ya sea por parte de los supervisores o los subordinados.
Ética en contabilidad
La contabilidad es un importante campo de disquisición ética en los negocios, y ningún tipo de regulación de la industria o el gobierno parece capaz de evitar que empresarios deshonestos obtengan información financiera de manera no ética. Ciertas prácticas contables poco éticas son ilegales, como tergiversar en menos los ingresos o falsear gastos en los estados financieros. Hay una serie de prácticas contables legales que se consideran poco éticas, también, como suavizar la buena figura de una hoja de balance o injustificadamente cambiar gastos a períodos inapropiados para influir en los resultados financieros actuales.
Impactos
Los negocios suelen afectar a una variedad de grupos de interés externos que no tienen nada que ver con una empresa aparte de los problemas derivados de las acciones de la compañía. Grandes cantidades de contaminación en el aire o el agua pueden introducir enfermedades y epidemias de cáncer en las comunidades locales, por ejemplo. Molestias simples como la contaminación acústica o un aumento significativo en el tráfico de camiones puede dañar la calidad de vida de las comunidades aledañas, también. Ignorando por completo los impactos externos es claramente poco ético. Las empresas que hacen todo lo posible para reducir sus impactos negativos pueden ser catalogadas como poco éticas por la mayoría de los afectados. Las empresas altamente éticas no aceptan ningún tipo de impacto negativo en aquellos de las comunidades aledañas, tomando todas las medidas necesarias para garantizar que sus acciones y prácticas empresariales contribuyen a mejorar sus comunidades.
Robo y fraude

Los dueños o empleados de empresas pueden cometer infracciones éticas en forma individual y no en nombre de una empresa. A principios del XXI se vio una serie de larga duración de esquemas de Ponzi, por ejemplo, en que los que los individuos engañaban empresas completas y listas extensas de clientes en la creencia de grandes exageraciones falsas de sus posiciones financieras. Los ejecutivos y empleados pueden malversar dinero de sus empresas durante años, tomando miles o millones de dólares para uso personal antes de ser atrapados. Incluso asociados de primera línea de la empresa pueden robar dinero o inventario directamente de sus empleadores, lo que demuestra que las violaciones de la ética pueden ocurrir a cualquier nivel de una empresa.

Guía 1

Que es la ética?
Es un tipo de saber que busca orientar la acción humana en un sentido racional. Hay saberes fundamentalmente teóricos, contemplativos, que no les importa en principio orientar la acción, la ética es en esencia un saber para actuar de un modo racional.
Desde los primeros pasos de la ética occidental en Grecia, unos 400 años antes de Cristo, suele realizarse una primera distinción en el conjunto de los saberes humanos entre los teóricos, preocupados por averiguar ante todo que son las cosas, sin un interés explicito por la acción y los saberes prácticos, a los que si les importa discernir lo que debemos hacer, como debemos orientar nuestra conducta. Y una segunda distinción, dentro de los saberes prácticos, entre aquellos que dirigen la acción para obtener un objeto o un producto concreto (como el caso de la técnica o el arte) y los que siendo más ambiciosos, quieren enseñarnos a obrar bien racionalmente, en el conjunto de la vida entera, como es el caso de la ética.

Modos del Saber Ético (Modos de Orientar Racionalmente la Acción)
Estos modos son fundamentalmente dos:
1) aprender a tomar decisiones prudentes.
2) aprender a tomar decisiones moralmente justas.
Obrar racionalmente significa saber deliberar antes de tomar una decisión con objeto de realizar la elección más adecuada y actuar según lo que hayamos elegido. La ética tiene por tarea mostrarnos como deliberar bien con objeto de hacer buenas elecciones. Pero no solo en un caso concreto sino a lo largo de nuestra vida.
La palabra ética viene del término ETHOS que significaba CARÁCTER o MODO DE SER. El carácter que un hombre tiene es decisivo para su vida porque aunque los factores externos los condicionen en un sentido u otro el carácter desde el que los asume es el centro último de decisión.
La ética es pues en un primer sentido, el tipo de saber que pretende orientarnos  en la forja del carácter, siendo consciente de que elementos no está en nuestra mano modificar, transformemos los que si pueden ser modificados, consiguiendo un buen carácter, que nos permita hacer buenas elecciones y tomar decisiones prudentes. La ética se propone como decía Aristóteles, aprender a vivir bien.

Fines, Valores y Hábitos
Tener conciencia de los fines que se persiguen y habituarse a elegir y obrar en relación con ellos es la clave de una ética de las personas y de una ética de las organizaciones. A los modos de actuar ya asumidos  que nos predisponen a obrar en el sentido deseado y que hemos ido incorporando a nuestro carácter por repetición de actos, lo llamamos hábitos.
La ETICA en un primer sentido, es un tipo de saber practico, preocupado por averiguar cual debe ser el fin de nuestra acción, para que podamos decidir que hábitos hemos de asumir, como ordenar las metas intermedias, cuales son los valores por los que hemos de orientarnos, que modo de ser o carácter hemos de incorporar con objeto de obrar con prudencia es decir tomar decisiones acertadas.
El hecho mismo de que existe el saber ético, indicándonos como debemos actuar, es buena muestra de que los hombres somos libres para actuar en un sentido u otro por muy condicionada que este nuestra libertad, porque si “debo” es porque “puedo”: si tengo conciencia de que debo obrar en un sentido determinado, es porque puedo elegir ese camino u otro. De ahí que la libertad va estrechamente ligada a la responsabilidad, ya que quien tiene la posibilidad de elegir en un sentido u otro, es responsable de lo que ha elegido: tiene que responder de su elección, porque estaba en su mano evitarla.
Libertad y responsabilidad son indispensables en el mundo ético pero también lo es un elemento menos mencionado habitualmente: el futuro. La ética necesita contar también con proyectos de futuro desde los que cobran sentido las elecciones presentes. Los proyectos éticos no son proyectos inmediatos sino que necesitan contar con un futuro, con tiempo y con sujetos que por ser en alguna medida libres, puedan hacerse responsables de esos proyectos, puedan responder por ellos.

Ejemplos de Principios Éticos sencillos
  1. Haz el bien y evita el mal.
  2. No quieras para otro lo que no quieres para ti.
  3. No actúes en contra de la naturaleza humana.
  4. Se debe favorecer la dignidad humana.
  5. No vale todo.
  6. El mal no debe hacerse ni para conseguir un bien.
Para muchos la mejor regla ética es ésta: "Amarás a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo". Amar significa desear el bien de modo que esta regla de amor busca el mayor bien para sí mismo, acierta con el bien para los demás y cumple los seis principios anteriores.

El carácter de las personas y de las organizaciones:
En lo que respecta a las personas el saber ético les orienta para crearse un carácter que les haga felices: los hábitos que les ayuden a ser felices serán virtudes, los que les alejen de la felicidad, vicios. La felicidad es el fin último al que todos los hombres tienden y la ética se propone, en principio ayudar a alcanzarla. En lo que refiere a las organizaciones, carecería de sentido empeñarse en que su fin sea la felicidad, porque felices son las personas, no los colectivos. Cada organización tiene una meta por la que cobra sentido, de ahí que sea más importante averiguar cuál es su meta, su finalidad y que sus miembros se esfuercen por alcanzarla, que diseñar un conjunto de reglamentos y normas: el sentido de las actividades viene de sus fines y las reglas solo pueden fijarse teniendo en cuenta los fines. El fin de las organizaciones es sin duda un fin social, porque toda organización se crea para proporcionar a la sociedad unos bienes. Estos bienes se obtienen desarrollando determinadas actividades cooperativas. Los bienes pueden ser internos  o externos  a ella. Porque cada actividad persigue un tipo de bienes que no se consiguen mediante otras, sino que solo ella puede proporcionar (internos) y como es obvio también para alcanzarlos unos medios resultan adecuados y otros totalmente inapropiados. Las distintas actividades también producen bienes externos a ellas porque son comunes a todas o muchas de ellas. En el caso del prestigio, el dinero o el poder, que pueden lograrse desde el deporte, el arte, la empresa, etc. no siendo privativos de ninguna de ellas.


Guía 2



Ética de las Organizaciones
Para diseñar una ética de las organizaciones sería necesario recorrer los siguientes pasos:
  1. determinar claramente cuál es el fin específico, el bien interno a la actividad que le corresponde y por el que cobra su legitimidad social.
  2. averiguar cuáles son los medios adecuados para producir ese bien y que valores es preciso incorporar para alcanzarlo
  3. indagar que hábitos han de ir adquiriendo la organización en su conjunto y los miembros que la componen o para incorporar esos valores
  4. discernir qué relación debe existir con las distintas actividades y organizaciones
  5. como también entre los bienes internos y externos a ellas
A la hora de diseñar los rasgos de una organización y sus actividades, es imprescindible tener en cuenta, además de los cinco puntos mencionados, los dos siguientes:
  1. cuáles son los valores de la moral cívica de la sociedad en la que se inscribe,
  2. que derechos reconoce esa sociedad a las personas. Es decir, cual es la conciencia moral alcanzada por la sociedad.

Fundamentos de la Ética
La ética es tan innata al individuo, que cuando esta se desvía él siempre tratará de vencer su falta de ética.
En el momento en que aparece en él un punto débil en cuanto a su ética, lo sabe. En ese momento comienza a intentar volverse ético, y en la medida en que pueda contemplar conceptos de supervivencia a largo plazo puede tener éxito, aunque carezca de la tecnología de ética.
No obstante, demasiado a menudo, el individuo se pone a sí mismo en una situación fuera de ética, y si no tiene tecnología con que resolverlo de forma analítica (racional), su “solución” es creer o pretender que se le hizo algo que provocó o justificó su acción no ética; y en ese punto comienza su declive. Cuando eso ocurre, realmente nadie le hunde más que él mismo.
Y una vez en declive, sin la tecnología básica de ética, no tiene modo de volver a ascender: se derrumba directa y deliberadamente. Y aunque tenga muchísimas complejidades en su vida, y haya otras personas acabando con él, todo comienza con su desconocimiento de la tecnología de ética.

Los hombres son estructuralmente morales
La moral es un saber que acompaña desde el origen a la vida de los hombres, aunque haya ido recibiendo distintos contenidos. A la parte de la Filosofía que reflexiona sobre la moral la llamamos “ética” o filosofía moral y llamamos moral (a secas) a ese saber que acompaña a la vida de los hombres haciéndoles prudentes y justos. Se trataría de distinguir entre “moral vivida” (moral) y “moral pensada” (ética).
La ética como filosofía moral tiene tres funciones:
  • aclarar que es lo moral, cuáles son sus rasgos
  • fundamentar la moral, tratar de inquirir cuales son las razones para que los hombres se comporten moralmente
  • aplicar a los distintos ámbitos de la vida social los resultados de las dos primeras, que es lo que hoy se viene llamando “ética aplicada”.
La ética empresarial seria una de las partes de la ética aplicada.

Eudenomismo
Aristóteles (384-322a.C) escribió los primeros tratados sistemáticos de ética, en los que expone aquello que explica el comportamiento moral de las personas. Su teoría ética defiende que el fin último del ser humano, lo que explica su comportamiento moral, es alcanzar la felicidad. Felicidad es eudaimonia en griego, de ahí el termino eudemonismo para referirse a su ética. Aristóteles sostiene que todos los seres humanos desean, por la naturaleza. ser felices, pero es evidente que pocos lo consiguen. La principal razón es que toman decisiones equivocadas y confunden la felicidad con la ambición personal, la riqueza o el prestigio. Aristóteles cree que es preciso hacer uso de la razón y no elegir la opción más beneficiosa a primera vista, sino la más prudente, la que  se sitúa en el término medio entre el exceso y el defecto.


Instrucciones para el Video


Pasos para la elaboración de su primer video

Cada estudiante debe tener un video en you tube en el cual aparezca en pantalla solo él o ella
Seleccione y converse con los miembros de su equipo de trabajo, pueden ser compañeros de la universidad (sugerido), familiares o amigos
Quien lo “filma”
Quien sostiene los apuntes
Quien evita ruidos e interrupciones

Selecciones con qué celular va a grabar, NO PAGUE, hay muchos smartphones y cámaras entre sus compañeros, familia, amigos, etc., y vaya realizando YA! una prueba de unos 10 segundos. Evite el “público”, se burlan y generan miedo escénico. El video no puede ser editado, tampoco letreros ni fondos musicales

El tema es la Ética Empresarial en Venezuela. Debe hablar entre 3 y 4 minutos (180 a 240 segundos), ni un segundo más ni un segundo menos. Vaya redactando un borrador. Es un mensaje, no una clase o exposición. Debe ser motivador hacia lo positivo, no un regaño. Si tiene dudas de que decir pruebe responder la siguiente pregunta “Porqué es importante la ética en la Empresa Venezolana (Públicas o privadas)”

Cree una cuenta gmail, no use nombres ligeros como (francisquita@gmail.comperucho@gmail.com,remigialacatira@gmail.com, pepeaurinegro@.com) , no se aceptarán trabajos desde cuentas ajenas. El nombre de la cuenta debería ser su nombre y apellido. Este proceso le crea automáticamente una cuenta en Youtube. Intente subir el video de prueba. Use un equipo conectado a internet por cable o wifi.


Video (30% del primer corte)
Elabore su video de acuerdo a las instrucciones anteriores. Máximo 4 minutos, mínimo 3 minuto, sin edición, sin letreros, sin música, ud solo en pantalla, tema de la materia, expresión positiva, amable.

El nombre con el que sube el video se elabora así: UCAT  ESPECIALIDAD  AÑO  SECCION  NOMBRE, Por ejemplo: UCAT  CONTADURÍA  4K  JUAN PEREZ  O UCAT  GERENCIA  4K  MARIA  SANCHEZ O UCAT  CONTADURÍA  4L  JOHN SMITH.
Abra o corra su video en YOUTUBE y copie la URL por ejemplo:https://www.youtube.com/watch?v=nV6JfCbZpvg o https://www.youtube.com/watch?v=zVmTBNxOxAc Observe que el nombre del Video es diferente a la URL.
Envíeme un correo a joseernestobecerrag2@gmail.com, el asunto es el nombre del video y el contenido es la URL, por ejemplo:
De: José Ernesto Becerra <jebecerra@ucat.edu.ve> 23 de octubre de 2016, 9:05
Para: joseernestobecerrag2@gmail.com

Esté pendiente de mi respuesta acusando recibo, a más tardar el siguiente fin de semana después del envío.

Fecha tope para la recepción del video sábado 5 de diciembre de 2016 11.59 pm. Si llega el domingo 6 antes de las 11.59 se le restan 10 puntos. Después tiene 00.

Calificación:
Duración correcta 2 pts.
Sin letras o títulos 1 pts.
Sin música 1 pto.
Sin edición (una sola toma sin interrupciones), 1 pto.
Envío correcto de la URL 1 pto.
Envío correcto del Nombre 1 pto.
Buena visibilidad y buen sonido 1 pto.
Tema adecuado 2 pts.
Tono amable y positivo 1 pto.
Presencia del alumno en pantalla el 100% del tiempo 1 pto.
Apreciación general del profesor 8 pts.


Recepción fuera de fecha no tiene puntos (00), se recomienda enviarlo en noviembre.

Guía 3

Hedonismo

Todos los seres vivos buscan el placer y huyen del dolor, tenemos que reconocer como primera premisa que el móvil del comportamiento animal y del humano es el placer. La moral es entonces el tipo de saber que nos invita a perseguir la mayor felicidad del mayor número posible de seres vivos, a calcular las consecuencias de nuestras decisiones, teniendo por meta la mayor felicidad del mayor numero.

El origen etimológico de la palabra hedonismo es griego. Procede del término hedonismos que se conforma por dos partes claramente diferenciadas: hedone que es sinónimo de placer y el sufijo ismos que puede definirse como cualidad o doctrina.

Se denomina Hedonistas a los defensores de esta posición, que nace en Grecia de la mano de Epicuro. Pero a partir de la modernidad la más relevante de las posiciones hedonistas en Ética es el llamado “utilitarismo”, que utiliza la máxima de la mayor felicidad del mayor número como criterio para decidir ante dos cursos alternativos de acción. Como para hacer ese cálculo es preciso tener en cuenta las consecuencias de cada uno de los cursos de acción y valorarlos desde la perspectiva del placer que proporciona cada uno de ellos, se denomina a este tipo de ética teleológica o consecuencialista y se le suele contraponer a las éticas llamadas deontológicas, que se preocupan ante todo del deber y de las normas que nacen del respeto a determinados derechos de los hombres. Los clásicos del utilitarismo son Bentham, Mill y Sigdwich.

Kantismo

Otra posición defiende que, aunque todos los seres vivos tiendan al placer, no es esta la cuestión moral por excelencia, sino mas bien la de que seres tienen derecho a ser respetados, que seres tienen dignidad y no pueden ser tratados como simples mercancías y por tanto que deberes han de cumplirse en relación con ellos.

Entre todos los seres existentes, solo los hombres tienen dignidad, porque solo ellos son libres. Son libres porque pueden elegir y porque pueden regirse por sus propias leyes. El fundamento de la moral es entonces la autonomía de los hombres, el hecho de que pueden darse leyes a si mismos que son por lo tanto validas para todos ellos.

Estas éticas que consideran como elemento moral por excelencia los deberes que surgen de considerar a los hombres como sujeto de derecho, se suelen denominar deontológicas, en contraste con las teleológicas, que ven en el cálculo de las consecuencias el momento moral central. Quien por primera vez defendió esta posición ética deontológica fue Kant, su afirmación de que los seres racionales son fines en si mismos, tienen un valor absoluto y no pueden ser tratados como simples medios es defendida por las éticas actuales y constituye el fundamento de la idea de dignidad humana.

Ética del dialogo

La razón humana es dialógica y por lo tanto no se puede decidir que normas son morales si no es a través de un dialogo que se celebre entre todos los afectados por ellas y que lleguen a la convicción por parte de todos de que las normas son correctas. Esta posición recibe el nombre de Ética dialógica, comunicativa o discursiva, son sus creadores Apel y Haberlas y tiene hoy en día seguidores en muchos países.

Creen que es posible establecer una distinción entre dos tipos de racionalidad: la racionalidad comunicativa de que hace uso quien considera a los afectados por una norma como interlocutores perfectamente legitimados para exponer sus intereses y para ser tenidos en cuenta en la decisión final, de modo que la meta del dialogo es llegar a un acuerdo que satisfaga los intereses de todos los afectados por ella y la racionalidad estratégica, de que hace uso quien considera a los demás interlocutores como medios para sus propios fines y se plantea el dialogo como un juego en el que trata de intuir que jugadas pueden hacer los demás para preparar la suya y ganarles.

Se suele entender que la empresa debe regirse por la racionalidad estratégica, dirigida a obtener el máximo beneficio, mientras que el momento moral es el de la racionalidad comunicativa, pareciendo entonces que empresa y ética son incompatibles. Sin embargo, cualquier ética aplicada (también la empresarial) debe recurrir a los dos tipos de racionalidad, porque ha de contar a la vez con estrategias y con una comunicación porque la que considera a los demás como los interlocutores validos.

La ética discursiva es, en principio, deontológica porque no se ocupa directamente de la felicidad ni de las consecuencias, sino de mostrar como la razón humana si ofrece un procedimiento para decidir que normas son moralmente correctas: entablar un dialogo entre todos los afectados por ellas que culmine en un acuerdo, no motivado por razones externas al dialogo mismo, sino porque todos están convencidos de la racionalidad de la solución. Es esta una posición deontológica que exige tener en cuenta las consecuencias en el momento de la aplicación.
  
Ética aplicada

La ética aplicada tiene por objeto aplicar los resultados obtenidos a los distintos ámbitos de la vida social, tendremos que averiguar de que modo pueden ayudarnos a tomar decisiones la máxima utilitarista de lograr el mayor placer del mayor numero, el imperativo kantiano de tratar a los hombres como fines en si mismos y no como simples medios o el mandato dialógico de no tener por correcta una norma si no la deciden todos los afectados por ella, tras un dialogo celebrado en condiciones de simetría.

La ética de la empresa es, en este sentido, una parte de la ética aplicada. Por eso la tarea de la ética aplicada no consiste solo en la aplicación de los principios generales, sino en averiguar a la vez cuales son los bienes internos que cada una de las actividades debe proporcionar a la sociedad, que metas debe perseguir y que valores y hábitos es preciso incorporar para alcanzarlas.


La fundamentación filosófica puede proporcionar aquel criterio racional que pedíamos al final del apartado pero este no puede aplicarse sin tener en cuenta la peculiaridad de la actividad a la que quiere aplicarse y la moral civil de la sociedad correspondiente.

Guía 4

Ética cívica
Según Pedro Laín Entralgo ética cívica es aquella que cualquiera que sean nuestras creencias últimas (religión positiva, agnosticismo o ateísmo), debe obligarnos a colaborar lealmente en la perfección de los grupos sociales a los que pertenezcamos: una entidad profesional, una ciudad, una nación unitaria o, una nación de nacionalidad y regiones. Sin un consenso tácito entre los ciudadanos acerca de lo que sea esencialmente esa perfección, la moral cívica no parece posible”.
En lo que se refiere a la moral, una buena parte de la población puede entenderla como una parte de la religión. Se pensaba que si la ética quiere indicarnos que carácter o estilo de vida hemos de asumir para ser felices, nadie puede descubrirlo a nuestros ojos  mejor que Dios mismo que nos ha creado. Se creía que la moral debía quedar asumida en la religión, que era como el saber para forjar un estilo de vida o para llegar a decisiones justas. Y en este sentido, debía dividirse en dos partes: la ética individual, que se refería a los deberes y virtudes que un individuo debe asumir para alcanzar su perfección, y la ética social, preocupada por las relaciones que los hombres entablan entre sí en la familia, en el trabajo y en la vida política.
Las cuestiones empresariales quedaban englobadas en la ética social, que era, a su vez una parte aplicada de la religión; sin embargo, hay que reconocer que el poder político tiende a atender a la iglesia en cuestiones de moral individual que en cuestiones de moral social. En cualquier caso, la ética aparecía como parte de la religión y como fundamentada exclusivamente en ella.
¿Podía alguien no creyente tener conciencia de estas cuestiones morales? Desde esta concepción de lo moral el no creyente se encontraba en una situación compleja a este respecto: por una parte se suponía que todos los hombres están dotados de una razón natural que les permite tener conciencia de las obligaciones morales, pero, por otra, el no creyente ya no podía encontrar un fundamento por el que fuera obligatorio cumplir esos deberes. Entonces alguien podría preguntarse: ¿Por qué debo cumplir determinados mandatos, que no son jurídicos, políticos o sociales, sino que interpelan a mi conciencia sin saber cuál es su origen?, el no creyente no pudiera (desde sus perspectivas) responder. Pero es humano se inclina a tratar de averiguar las razones por las que nos sentimos obligados a hacer algo, era peligroso suponer que el no creyente acabara dejando de sentirse orientado por lo moral, al carecer de razones para obedecerlo.
Sin religión, ¿queda algún fundamento racional para seguir presentando a todos los ciudadanos exigencias morales, o es preciso reconocer con el personaje de Dostoievski, Iván Karamazov, que “si Dios no existe, todo está permitido”? Hoy se piensa que no podemos llegar al “todo vale” en materia moral, sino alcanzar una moral cívica, que se ha ido abriendo paso, unos mínimos morales compartidos. A esos mínimos los llamamos “moral cívica”. Este tipo de moral nació con la Modernidad y es uno de los factores que hoy nos permite hablar de una ética empresarial, como también de una ética médica, ecológica, y de las distintas instituciones y profesiones, porque si es una sociedad no existe un núcleo de valores morales compartidos.
Características de la ética cívica
1. Ética de mínimos: que la ética cívica es una ética de mínimos significa que lo que comparten los cuidadnos de una sociedad moderna no son determinados proyectos de felicidad, porque cada uno de ellos tiene su propio ideal de buen vivir, así sea religioso, agnóstico o ateo, y nadie tiene derecho a imponerla a otros por la fuerza. Las concepciones religiosas, agnósticas o ateas del mundo que propongan un modelo de la vida feliz constituyen lo que llamamos “ética de máximos”, y en una sociedad verdaderamente moderna son plurales; por eso podemos hablar en ellas de un pluralismo moral. Una sociedad pluralista es, entonces, aquella en la que conviven personas y grupos que se proponen distintas éticas de máximos, de modo que ninguno de ellos pueda imponer a los demás sus ideales de felicidad, sino que, a lo sumo, les invita a compartirlos a través del diálogo y el testimonio personal. Por el contrario, es totalitaria, una sociedad en la que un grupo impone a los demás su ética de máximos, su ideal de felicidad, de suerte que quienes no la comparten se ven coaccionados y discriminados. Precisamente el pluralismo es posible en una sociedad cuando sus miembros, a pesar de tener ideales morales distintos, tienen también en común unos mínimos morales que les parecen innegociables, y que no son compartidos porque los distintos sectores han ido llegando motu propio a la convicción de que son los valores y normas a los que una sociedad no puede renunciar sin hacer dejación de su humanidad.
2. Ética de ciudadanos, no de súbditos: es un tipo de convicción al que nos lleva la experiencia propia o ajena, pero sin imposición, la ética cívica solo ha sido posible en formas de organización política que sustituyen el concepto de súbditos por el de ciudadanos. Porque mientras se considere a los miembros de una comunidad política como súbditos, como subordinados a un poder superior, resulta difícil pensar que tales súbditos van a tener capacidad suficiente como para poseer convicciones morales propias en lo que respecta a su modo de organización social. Lo fácil es pensar en ello como menores de edad, también moralmente, que necesitan del paternalismo de los gobernantes para poder llegar a conocer qué es lo bueno para ellos.
3. Ética de la modernidad: La Ilustración sería la  época de la entrada de los hombres en la mayoría de edad, en virtud de la cual ya no quieren dejarse guiar como con andaderas por autoridades que no se hayan ganado su crédito a pulso, sino que quieren orientarse por su propia razón. Sapere aude! Es, según Kant, la divisa de la ilustración: “atrévete a servirte de tu propia razón”. El paternalismo de los gobernantes va quedando deslegitimado y en su lugar entra el concepto moral de autonomía, porque aunque la ética y la política no se identifican, están estrechamente relacionadas entre sí, como lo están también con la religión y el derecho, de suerte que un tipo de conciencia política (como es la idea de ciudadanía) está estrechamente ligado a un tipo de conciencia moral (como es la idea de autonomía)
Derechos Humanos
Igualdad no significa “igualitarismo”, porque una sociedad en que todos los hombres fueran iguales en cuanto a contribución, responsabilidades, poder y riqueza es imposible alcanzar sino a través de una fuerte dictadura, que es justo lo contrario de la autonomía que acabamos de reconocer. “Igualdad” significa aquí lograr para todos iguales oportunidades de desarrollar sus capacidades, corrigiendo las desigualdades naturales y sociales, y ausencia de dominación de unos hombres por otros, ya que todos son iguales en cuanto autónomos y en cuanto capacitados para ser ciudadanos.
Libertad (o autonomía) e igualdad son los dos primeros valores que acogió como suyos aquella Revolución Francesa de 1789, de la que surgió la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Y son efectivamente dos de los valores que componen el contenido de la ética cívica. El tercero es la fraternidad, que con el tiempo las tradiciones socialistas, entre otras, transmutaron en solidaridad, un valor que es necesario encarnar si de verdad creemos que es una meta común la de conseguir que todos los hombres se realicen igualmente en su autonomía.
Los valores pueden servir de guía a nuestras acciones, pero para encarnarlos en nuestras vidas y en las instituciones necesitamos concretarlos, y podemos considerar a los derechos humanos en sus distintas generaciones como concreción de estos valores que componen la ética cívica.


Guia 5

La tolerancia activa
Resulta imposible la convivencia de diferentes proyectos de vida feliz si quienes los persiguen no son tolerantes con aquellos que tienen un ideal de felicidad distinto, de ahí que la ética cívica fuera naciendo al calor de distintos escritos sobre tolerancia, como una actitud sumamente valiosa. La tolerancia puede entenderse solo en un sentido pasivo, es decir, como una predisposición a no inmiscuirse en los proyectos ajenos por simple comodidad; o bien en un sentido activo, como una predisposición a respetar proyectos ajenos que puedan tener un valor, aunque no los compartamos. La tolerancia pasiva no sirve de base para construir un mundo junto: para construir hace falta tolerancia activa.
Un éthos dialógico
La idea de tolerancia activa, junto con los otros valores y el respeto a los derechos humanos, se expresan de forma óptima en la vida social a través de un tipo de actitud, que llamaremos la actitud o el éthos dialógico. Éthos que conviene potenciar, porque quien adopta semejante actitud a la hora de intentar resolver los conflictos que se plantean en su sociedad, si la adopta en serio, muestra con ello que tiene a los demás hombres y a sí mismo como seres autónomos, igualmente capaces de dialogar sobre cuestiones que les afectan, y que está dispuesto a atender a los intereses de todos ellos a la hora de tomar decisiones. Lo cual significa que toma en serio su autonomía, le importa atender igualmente a los derechos e intereses de todos, y lo hace desde la solidaridad de quien sabe que “es hombre y nada de lo humano puede resultarle ajeno”. Naturalmente cada quien llevara al dialogo sus convicciones y más rico será el resultado del mismo cuanto más ricas las aportaciones que a él se lleven, pero a ello ha de acompañar el respecto a todos los interlocutores posibles como actitud básica de quien trata de respetar la autonomía de todos los afectados por las decisiones desde la solidaridad. Este es sin duda el mejor modo de conjugar dos posiciones éticas: el universalismo y el respeto a la diferencia. Solo si reconocemos que la autonomía de cada hombre tiene que ser universalmente respetada, podremos exigir que se respeten sus peculiaridades, y la forma de hacerlo será a través de diálogos en los que cada quien exprese tales peculiaridades desde la unidad que supone saberse al menos mínimamente entendido y máximamente respetado.
La Ética Empresarial en el contexto de una ética cívica
No es posible una ética empresarial sin una ética cívica
Los valores de libertad, igualdad y solidaridad, concretados en los derechos humanos, el valor de la tolerancia activa, así como la imposibilidad de proponer a otros el propio ideal de vida si no es a través del dialogo y el testimonio, componen por el momento el caudal de la ética cívica en las sociedades con democracia liberal. Lo cual no significa tanto que todas las personas que viven en estas sociedades están de acuerdo en esos valores y derechos, como que las instituciones y organizaciones de tales sociedades cobran su sentido de protegerlos y defenderlos. Por eso todas ellas han de impregnarse de los mencionados valores, respetar y promocionar los derechos morales, e incorporales a su quehacer cotidiano, ya que, en caso contrario, quedan moralmente deslegitimados. Podemos decir que precisamente porque la ética de las instituciones cívicas ha alcanzado el nivel descrito, es posible una ética de la empresa.
Cada organización debe encarnar valores y respetar derechos atendiendo a la especificidad de su actividad y de lo que hemos llamado sus bienes internos, la moral cívica será enormemente plural y heterogénea, porque tendrá que contar, no solo con los mínimos comunes, sino también con los valores que resulten de la modulación de los mínimos en las distintas actividades. Por poner algún ejemplo, en el ámbito de la Bioética, que nació en los años setenta, el principio básico del trato igual a todos los seres humanos, puesto que todos merecen igual consideración y respeto, ha ido generando en la comunidad sanitaria tres principios morales internacionalmente compartidos, que se conocen como principio de beneficencia, autonomía y justicia. El personal sanitario debe proponerse con su actividad el bien del paciente, respetando su autonomía y teniendo en cuenta que la distribución de recursos escasos tiene implicaciones de justicia en la sociedad, que van más allá de la relación personal sanitario- paciente. Orientar la actividad sanitaria por unos principios semejantes supone adquirir unas virtudes que serán peculiares de esta actividad, aunque algunas de ellas serán comunes a otros tipos de ejercicio. ¿Qué rasgo son peculiares de la actividad empresarial?
La meta de la actividad empresarial es la satisfacción de necesidades humanas a través de la puesta en marcha de un capital, del que es parte esencial el capital humano (los recursos humanos), es decir, las capacidades de cuantos cooperan en la empresa. Por tanto, el bien interno de la actividad empresarial consiste en lograr satisfacer esas necesidades y, de forma inseparable, en desarrollar al máximo las capacidades de sus colaboradores, metas ambas que no podrán alcanzar si no es promocionando valores de libertad, igualdad y solidaridad desde el modo especifico en que la empresa puede y debe hacerlo. En este sentido en el que la recién nacida ética de la empresa tiene por valores irrenunciables la calidad en los productos y en la gestión, la honradez en el servicio, el mutuo respeto en las relaciones internas y externas a la empresa, la cooperación por la que conjuntamente aspiramos a la calidad, la solidaridad al alza, que consiste en explorar el máximo las propias capacidades de modo que el conjunto de personas pueda beneficiarse de ellas, la creatividad, la iniciativa, el espíritu de riesgo. Si las empresas no asumen este estilo, mal lo tienen para sobrevivir en estos tiempos.
No es posible una ética cívica sin una ética empresarial
En la vida cotidiana escuchamos criticas constantes a la inmoralidad de políticos, periodistas, empresarios, etc., criticas que nos llevan a decir en ultimo termino que es imposible ser político, periodista o empresario y a la vez comportarse de una forma éticamente correcta. Si esto fuera cierto, tendríamos que reconocer que es imposible participar en cualquiera de las organizaciones y actividades ciudadanas si ser inmoral, con lo cual sucedería:
a)    Que la vida humana se asienta sobre la inmoralidad constante (ya que todos vivimos de esas organizaciones)
b)   Que no habría ninguna ética cívica, porque mal puede haberla si la estructura de todos los sectores los hace necesariamente inmorales.
Si queremos una sociedad alta de moral, es indispensable que las distintas organizaciones se apresten a remoralizar, a poner “en forma” sus peculiares actividades.
Funciones de un ética cívica
Estos mínimos éticos de los que hemos hablado, son lo que nos permiten, además de llevar adelante una convivencia enriquecedora, realizar otras dos tareas:
1.  criticar por inmoral el comportamiento de personas e instituciones que violan tales mínimos.
2.  diseñar desde un esfuerzo conjunto las instituciones y organizaciones de nuestra sociedad, como es el caso de las empresas.
¿Cómo es posible criticar determinadas actuaciones o crear organizaciones legitimadas socialmente, si no hay convicciones morales compartidas desde las cuales hacerlo?
En lo que se refiere a las críticas, es innegable que en nuestra sociedad se producen fuertes criticas de inmoralidad contra determinadas conductas, como puede ser en política la corrupción y el tráfico de influencias; en el mundo empresarial, la adulteración de productos, la publicidad engañosa, la baja calidad; en el mundo financiero, la falta de transparencia, los manejos, la falta de compasión por el débil. ¿Qué sentido tiene criticar si partimos de la base de que no hay convicciones morales comunes? ¿No me puede responder aquel a quien critico que esa es mi convicción moral, pero que él tiene otras, igualmente respetables?
No parece, pues, que todo sea tan opinable y subjetivo como algunos quieren suponer, sino que si existen en moral exigencias y valores comunes, sobre la base de los cuales es posible argumentar y llegar a acuerdos.
Se puede aducir que estas críticas no son morales, sino legales: que un Estado de Derecho se mueve dentro de los límites de un marco legal, y que lo que está prohibido es lo que ese marco de leyes prohíbe.
Ética económica y Ética empresarial
Cuando nos introducimos en el ámbito de las relaciones entre ética y economía, nos encontramos con tres expresiones como mínimo estrechamente conectadas entre sí: ética económica, ética empresarial y ética de los negocios. En relación con ellas se ha desatado una viva polémica sobre si es la perspectiva empresarial o la de los economistas la que debe ostentar la primacía. Para muchos la “verdadera economía” es “lo que los empresarios manejan y dominan, y no lo que los economistas miden” y, desde esta perspectiva, serian los empresarios los principales responsables de la creación de riqueza, los “héroes de la vida económica”. Toda recuperación económica pasaría por la “resurrección” de los empresarios: la base moral del sistema capitalista se encontraría en el “espíritu de empresa”.
Sin embargo, la ética de los negocios no puede desligarse de una reflexión sobre el marco económico general en que vivimos, no puede desligarse de una ética del capitalismo.
·     La Ética Económica: se refiere, o bien a todo el campo en general de las relaciones sobre economía y ética, o bien específicamente a la reflexión ética sobre los sistemas económicos, en la que tienen actualmente un especial interés las reflexiones sobre la ética del capitalismo.
·     La Ética Empresarial o de los negocios: se centra principalmente en la concepción de la empresa como una organización económica y como una institución social, es decir, como un tipo de organización que desarrolla una peculiar actividad y en la que resulta fundamental la función directiva y el proceso de toma de decisiones.
Ética de la economía moderna
Capitalismo y modernidad
Hasta que se puso en marcha el conjunto de procesos específicos de la modernidad, la actividad económica estuvo ligada al orden institucional tradicional (la familia, la política y la religión). Con el capitalismo, la economía irrumpe con enorme fuerza en la sociedad y se convierte en un ámbito autónomo, que obedece leyes propias.
Así es como se pudo en marcha un potente motor de transformación material y espiritual del mundo, que venía a sustituir los cánones de la tradición por otra forma completamente diferente de ver el mundo y organizarlo. El Capitalismo “se convirtió gradualmente en el principio básico de organización de toda la economía”; y desde ahí impulso un proceso de modernización y de racionalización social, en cuya base se encuentra la libertad, porque el modo de producción capitalista requería un espacio libre para las actividades económicas.
Marx reconoció que el capitalismo propiciaba un enorme crecimiento económico y un progreso social revolucionario. El capitalismo, frente al autoritarismo, creo un espacio de libertad e incluso las bases económico – sociales para avanzar hacia una mayor justicia. “El capitalismo creo el mundo, el mundo como una unidad económica”. (M. Harrington)
En las sociedades precapitalistas la explotación económica (la capacidad de apropiarse de la riqueza) estaba basada en el poder político. El capitalismo fue una innovación radical, el mayor logro de la humanidad en toda su historia; una cultura y una civilización, al tiempo que un sistema económico, en el que la razón se convirtió en una potente fuerza económica y social. El capitalismo supuso un cambio en la forma de relacionarse los hombres entre sí, porque la expansión del mercado destrozo la sociedad tradicional. En este nuevo tipo de sociedad ya no bastaba la regulación ética de las relaciones personales para ordenar la vida, y era la primera formación económica y social que no necesitaba como soporte una regulación directamente fundamentada en el Dios de las religiones, sino que podía defender su dinámica autónoma como si se tratar de la racionalidad económico – social moderna.
La pregunta es entonces ¿Cómo regular con sentido ético las relaciones entre entidades mediadoras y entre instituciones o personas jurídicas en el marco de la racionalización social moderna? ¿Es inevitable prescindir de todo marco ético, pasar de la concepción antigua de la tradición occidental, en la que la sociedad estaba regida por un objetivo común, a una insuperable ruptura de la comunidad social y a la ausencia de toda ética racional en las nuevas relaciones sociales que la modernidad ha instaurado en virtud de sus nuevas mediaciones racionales (como las económicas)? ¿No hay valores compartidos capaces de guiar la actividad económica, pública y privada, en nuestro mundo moderno roto y fragmentado?
Racionalización social capitalista y empresa moderna
Parece que el capitalismo forma parte, de un ámbito cultural propio de la modernidad, como intento mostrar Max Weber destacando que la fuerza impulsora más importante del capitalismo ha sido la “racionalización”, la imposición progresiva de las técnicas racionales en todos los sectores de la sociedad, incluida la empresa. El fundamento de esta transformación racional del mundo puede retrotraerse a ciertas características “racionalizadoras” en el mundo judío y cristiano, que habían resurgido en Europa con la Reforma Protestante. Persiste la controversia sobre el carácter modernizador y propenso al capitalismo del protestantismo, controversia que se recrudece cuando recordamos que Weber muy probablemente se equivoco en su punto de vista sobre el carácter inhibidor de la modernidad atribuido a las tradiciones orientales. El auge actual de países como Japón nos obliga a reflexionar sobre las relaciones entre la diversidad cultural y el capitalismo, sobre la vinculación efectiva, y tan eficaz en la empresa japonesa, entre una forma cultural considerada “premoderna” y la modernización capitalista. En Japón tenemos un ejemplo de compenetración entre cultura premoderna y economía moderna con un gran alto nivel de rendimiento, y convertido para muchos en un verdadero ejemplo a imitar.
Sea cual fuera la respuesta que haya que dar al problema de las relaciones entre el pluralismo cultural y la economía moderna, una teoría de la modernidad ha de contar con una teoría del capitalismo y de la empresa, y desde ahí, vincular la ética del capitalismo y de la empresa con la de la modernidad. Quien mire la realidad desde la perspectiva de los procesos de modernización, considerara el capitalismo y la empresa como mecanismo de la vida social moderna, junto al Estado y al Derecho, que han servido de vehículo para institucionalizar la articulación de racionalidad y libertad.
Esta perspectiva de la inserción del capitalismo y la empresa dentro del complejo de los procesos de modernización tiene la ventaja  de atinar en los diagnósticos de nuestros tiempos y, contribuye a comprender lo que nos pasa y las vías de mejora de nuestra situación. Porque de lo contrario se achacan al capitalismo y a la vida empresarial un cúmulo de procesos (y males) que en realidad son producto de la modernización como tal.
La clave de las valoraciones y los diagnósticos habituales de la modernidad, entendida como un proceso de racionalización social capitalista (en el que la empresa ha ido ocupando un lugar cada vez más destacado) se encuentra en la dimensión ética.
Por un lado, algunos autores creen que el conflicto existente entre la eficiencia (racionalidad funcional) y el hedonismo socava la dimensión moral del sistema, cuando el hedonismo y el consumismo se convierten en la justificación cultural y moral del capitalismo.; otros consideran que h sido la subordinación de casi todos los ámbitos del mundo de la vida a los imperativos del sistema (económico y político) la que ha perturbado la infraestructura comunicativa del mundo de la vida. En ambos casos se recurre a la dimensión ética, ya sea mediante el fortalecimiento de las virtualidades morales del mundo de la vida, pero en ninguna de las dos alternativas se vincula la ética racional moderna con los mecanismos modernos de racionalización social económica y política, y todavía menos con el desarrollo moderno de la vida empresarial.
Ninguno de estos diagnósticos explicita como es debido la flexibilidad y la capacidad ética del capitalismo, en virtud de la cual este se ha transformado y convertido en un instrumento de progreso técnico y social. La transformación del capitalismo, y no su mera evolución, ha sido tan profunda que la contradicción básica de donde se derivan los más graves problemas no es ya la contradicción entre  el capital y el trabajo, y por eso “el socialismo democrático ha abandonado definitivamente la construcción de un modo de producción alternativo, que se la negación y la superación del modo de producción capitalista”.
Lo mismo ocurre con la empresa. Ha ido cambiando la imagen por la que se la consideraba el lugar por antonomasia de la “lucha de clases” y de la contradicción entre trabajo y capital. Con el tiempo el desarrollo de la racionalización moderna en la empresa se ha ido convirtiendo en gestión y en estrategias de innovación continua.
En este “capitalismo de rostro humano” el problema básico no es el que deriva de los intereses contrapuestos entre el capital y el trabajo, de ahí que algunos piensan que en realidad la transformación entre del capitalismo nos sitúa más bien en una etapa de transición hacia una denominado “post capitalismo”, algunos de cuyos caracteres indican que el capitalismo empresarial ha dejado de ser la fuente principal de la denominación. Para estar a la altura de los tiempos, habrá que resituar la empresa en este nuevo contexto ético- económico y actuar en consecuencia.
Por consiguiente, mientras no seamos capaces de ofrecer otras alternativas mejores, habrá que fortalecer la dimensión ética de los mecanismos económicos modernos y empresariales, habrá que descubrir y potenciar la ética de nuestras instituciones modernas (de la empresa, por ejemplo) como mecanismo de racionalización, porque ha sido la vertiente moral de la racionalidad el componente olvidado y reprimido a favor de otros aspectos, necesarios, pero insuficientes para el autentico desarrollo de los propios mecanismos económicos y empresariales. Uno de los aspectos que requería el desarrollo moderno se ha atrofiado y por eso el producto ha sido deforme: porque no se ha puesto en marcha con equilibrio el conjunto de componentes que requería la propia racionalización moderna. También aquí hemos cometido una “falacia abstractiva”, alimentada por la ficción postmoderna, porque al prescindir de la necesaria dimensión ética de la racionalidad moderna, esta se ha experienciado como un fracaso.
Antes de arrumbar las instituciones económicas modernas y sus mecanismos racionalizadores, convendrá hacer, todavía un experimento que las ponga a prueba en su sentido integral, mediante la incorporación operativa de su intrínseca dimensión ética. Porque, además, la historia acredita que la progresiva transformación ética del capitalismo y de la empresa moderna ha producido innegables frutos de progreso social.
Lo razonable y conveniente sería proseguir este camino de transformación progresiva del capitalismo y de las empresas desde una inspiración ética, que impulse y oriente diseños operativos que vayan corrigiendo los mecanismos que producen injusticias y dominación en las diversas esferas de la cada vez más compleja vida económica y empresarial.
¿Ética del Capitalismo?
El capitalismo parece no soportar la moral, para servirse de ella y utilizarla para sus propios fines, porque el móvil fundamental consiste en la obtención de la mayor ganancia posible y además presupone una visión del hombre como homo oeconomicus, que en el fondo instaura el egoísmo como base antropológica y moral del sistema.
También ha existido una concepción moral del capitalismo que no solo le considera capaz de producir riqueza y bienestar, sino que insiste además en su carácter moral, y es esta concepción la que se ha ido consolidando últimamente, es decir, la que propugna cada vez con más fuerza que la ética es uno de sus pilares fundamentales. Recurren para ello sus defensores a la tradición de la filosofía moral moderna, de la que surgió precisamente el estudio y justificación de la economía moderna como tal.
Porque realmente el desarrollo del capitalismo siempre ha estado ligado a alguna forma de concepción moral, más o menos explícita. Las concepciones éticas que han acompañado al capitalismo han variado, y en la actualidad van desde las que añoran la inicial ética puritana de los orígenes del capitalismo, pasando por aquellas que lo defienden basándose en el derecho natural y las que siguen ligadas a alguna forma de utilitarismo, hasta las nuevas éticas de la justicia económica.
Hablaremos más bien de éticas del capitalismo o en los capitalismos, destacando que en algunas de ellas se detecta una tendencia predominantemente legitimadora y en otras, transformadora del capitalismo. Es en esta última tendencia transformadora en la que pretendemos inscribirnos.